TRANSFORMACION

TRANSFORMACION

 

   Un maestro zen no es simplemente un profesor. En todas las religiones sólo hay profesores: te enseñan cosas que tú no sabes, pero te piden que creas porque no hay forma de traer estas experiencias a la realidad objetiva. El profesor tampoco las ha conocido: tan sólo las ha creido, y lo que hace es trasferir esta creencia a otro. El zen no es el mundo del creyente, no es para los que tienen fe. Es para aquellas almas atrevidas que pueden despojarse de todas las creencias o no creencias, las dudas, la razón, la mente, y entrar simplemente en su pura existencia sin límites.

   Esto conlleva una formidable transformación. Por tanto, permíteme decir que mientras otras religiones están interesadas en las filosofías, el zen se ocupa de la metamorfosis, de la transformación. Es una alquimia auténtica: te transforma de simple metal a oro; pero tienes que entender su lenguaje no con la razón ni la mente intelectual, sino con tu corazón amoroso, o incluso sólo escuchando, sin que te importe si es verdad o no; y llegará un momento en el que de repente lo ves, ves aquello que te ha estado esquivando durante toda la vida. De repente, aquello que Buda llamó "las ochenta mil cuatro puertas" se abren.

COMENTARIO

 

    En esta carta, la figura principal aparece sentada sobre la amplia flor del vacío y sostiene los símbolos de la transformación: la espada que corta las ilusiones, la serpiente que se rejuvenece a sí misma al mudar la piel, la cadena de las limitaciones una vez ha sido rota, y el yin-yang, símbolo de la dualidad trascendida. Una de las manos descansa sobre su regazo, abierta y receptiva; la otra se dirige hacia abajo y toca la boca de un rostro durmiente, símbolo del silencio que se da mientras descansamos. * Este es un tiempo de profundo "dejar ir". Permite cualquier dolor, cualquier tristeza o dificultad, aceptando el hecho tal cual es. Es algo muy parecido a la experiencia de Gautama el Buda cuando, tras años de búsqueda, acabó por rendirse al darse cuenta de que no había nada más que pudiese hacer: esa misma noche se iluminó. La transformación llega, como la muerte, en su momento, y también, al igual que ella, te lleva de una dimensión a otra.