La Baraja Española

   En casa de mi abuelo se jugaba a las cartas. Eran buenas y buenos judadores, juegos familiares, pero muy buen@s. Tengo muy gratos recuerdos, mis ti@s venían con mis prim@s a pasar uno o varios días en casa de mis abuelos, yo vivía muy cerquita de éstos, en la misma tierra, nos reuníamos para la vendimia, la trilla, las navidades y alguna que otra festividad más; los ratos de ocio se llenaban con los juegos de cartas (Tute, y brisca, para los adultos; ronda y burro para los menores). Siempre tengo la imagen de mi tía Mari cuando recuerdo las cartas, era la más apasionada de todas y de todos; y mi padre, era un hombre tranquilo pero cuando jugaba al "subastao" florecía su pasión. Mi abuelo con su "quintito" de vino al costado, mi tía Paca, Juanito, mi hermano Pepe que aunque joven era un jugador que prometía. Yo no, yo era un mal jugador, despistado podría decir, y en las cartas los despistes se pagan caros. Jugabamos con la baraja española, la versión de 40 naipes más los dos comodines.

 Alrededor de la mesa cuatro jugador@s, dos y dos, para el tute subastado y para la brisca. Durante el juego los cuatro estaban con Dios, si entendemos a Dios como ausencia de mente, estaban en el juego; durante esos minutos o esas horas se olvidaban de las letras del banco, de la mala cosecha, la enfermedad de los niños o los problemas menores y cotidianos como poder pagar los "mandaos" en casa de Piña, simplemente se jugaba; miradas, guiños, gestos, señas, y silencios era lo cotidiano, algún que otro reproche al compañero por una jugada mal hecha. Conforme avanzaba la partida los ánimos se iban alterando, los silencios se iban rompiendo y al costado de Dios empezaba a aparecer el Demonio, sobre todo en los que empezaban a vislumbrarse como perdedores, los otros no, en los otros se empezaban a a apreciar sonrisas picaronas y miradas de complicidad; los niños mirábamos divertidos; las voces se iban alterando entre los posibles perdedores, los reproches aumentaban por las malas jugadas, el Demonio iba creciendo en un bando y Dios se iba iluminando en el otro. Terminada la partida los perdedores gritaban, se reprochaban, prometían no volver a jugar con su compañera o compañero, lanzaban  las cartas sobre la mesa en un acto de desprecio que a los que estábamos de "mirones" nos resultaba hasta divertido; los otros celebraban, un "vinito", un apretón de mano y sonrisas. Obviamente los "mirones" durante la partida teníamos que estar en el más absoluto y sepulcral silencio de sonidos y de gestos, lo contrario era correr el riesgo de perder la calidad de mirón, una vez terminaba la partida ahí ya se podía opinar, criticar o alabar las jugadas y reírse con los ganadores o llorar con los perdedores, porque también los mirones tomábamos partido por unos u otros, De los mirones salían los dos nuevos contrincantes de los vencedores y sustitutos de los perdedores para la nueva partida, más antes se dejaban calmar los ánimos y todos nuevamente en familia. Bonitos recuerdos. El fuego, El siempreverde, la alberca, las perdices de mi abuelo, las "fritas de mi abuela", La era del trigo, los higos secos, las uvas pasas, los cinco duros a la "escondía" que me daba mi abuela para el colegio, en fin La Vida.

 

    Vamos a lo que vamos.

   Que sencilla es esta baraja española pero cuan grande es, cuantos secretos esconde para una mente libre de prejuicios y más o menos despierta. 

   La baraja española son los Arcanos Menores del Tarot de Marsella, los Arcanos Mayores se perdieron, bueno no se perdieron, se fueron a un lugar seguro, las Sociedades Secretas, hoy día convertidas en dogmas y nuevas religiones. En esas sociedades se protegieron de la persecución de la ignorancia y la intolerancia más severa, de esos que se han creído, y se siguen creyendo, poseedores de la verdad y de Dios, como si la Verdad o Dios se pudiesen poseer. Solo uno de esos arcanos mayores quiso acompañar a los arcanos menores en su viaje por las mesas de juego y las manos gitanas, El Loco, disfrazado de Joker, de Comodín para poder sustituir a cualquiera de las cartas que se pudiese extraviar en la aventura y recordarnos de paso a ese bufón de la corte, el Alter Ego del Rey o de nosotros mismos, a ese que nos da miedo mirar. La chispa de la Vida, la que todo  Lo-cura.

    Realmente interesante y bello.

 

    La baraja española es simplicidad, silencio, sencillez, esas pequeñas cosas que solo las grandes almas pueden comprender y que solo ellas pueden poseer. 

 

   Hoy ese niño que miraba a sus tías, a sus tíos, a su padre y a su abuelo jugar en la mesa del patio con la baraja española es un hombre. Y sigue siendo tan despistado en el juego de cartas y en la vida como en aquellos tiempos pero ha aprendido de tanto mirar a sus mayores a ver una pequeñita parte del secreto profundo de las cartas, a ser auténticos.

 

GRACIAS